Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

jueves, 31 de mayo de 2012

Vuitton, tton, ton, tontos

Si es cierto lo que apuntan algunos diarios esta semana, de que el Rey apoyó a su yerno en algún proyecto del Instituo Noos, apaga y vámonos. Aquí no se salva ni Dios y va siendo hora de recuperar el viejo lema anarquista: ni Dios, ni Patria, ni Rey.
El intento de San Anselmo de probar la existencia de Dios, por el sistema científico escolástico, no es más una exposición dialéctica apoyada más en la fe que en la ciencia. Resulta inexplicable cómo empezó a moverse este mundo, y, por tanto, cualquier explicación finalista, como la existencia de un Ser Supremo, resulta efectista y efectiva. Sin embargo, los problemas surgen cuando intentamos crear toda una teología partiendo de ese primer principio. Si le atribuimos a ese Ser todas las virtudes y ningún defecto resulta inexplicable la maldad que vemos a nuestro alrededor, por lo que parece más acertada la tesis de Feuerbach, que atribuye la idea del Ser Supremo a la invectiva humana surgida de la desesperanza de una vida eterna y para minimizar el terror a la muerte. Y, si Dios no existe, como han entendido bien las grandes fortunas, todo está permitido.
La Patria es un invento de la burguesía, que vela más por sus intereses que por los generales. Los países crecen y menguan, como demuestra la historia, en función de su poder militar o económico. Pequeñas comunidades guerreras han construido poderosos imperios que se han derrumbado como castillos de naipes. Se han unido comunidades diferenciadas por intereses espúrios y se han separado por cuestiones, en ocasiones, personales. Como escribió Machado: en los trances duros, los señoritos, invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. La Patria es una bandera que se agita para diferenciar, se utiliza únicamente contra los pobres, y se defiende con ellos, una guerra donde sólo los burgueses obtienen beneficios, ganen o pierdan.
La monarquía, como institución, está sometida a una servidumbre que le confiere el respeto de sus súbditos. Desde la Edad Media, se la entiende conectada con el poder divino y bendecida por él. Sin embargo, desde el momento que los miembros de la Corona reclaman iguales derechos que el común de los hombres, pierden su carácter divino y se transforman en simples ciudadanos, y por tanto, no tiene razón de ser su continuidad como dinastías hereditarias, parece mucho más justo que el símbolo del Estado sea elegido por sufragio universal, y no solo por los poderosos. Resulta más propio un Presidente de la República, elegido democráticamente, a quien se revoca si no cumple, que mantener una casta por el simple hecho de la cuna donde nació. El Rey, y su familia, viven de los presupuestos del Estado, no necesitan dinero de bolsillo porque nadie piensa que les cobren los cafés del Club Naútico de Mallorca, entonces ¿por qué tanto afán en acumular dinero?
Lo dicho: ni Dios, ni Patria, ni Rey

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