Que mintieran a Elena Salgado, ex ministra de Economía, para arrebatarle el gobierna al PSOE, tiene cierta razón de ser, al fin y a la postre: el fin justifica los medios. Pero que se mientan entre ellos, no tiene nombre, si no es que lo hacen porque no conocen otra manera de hacer política.
El descubrimiento de las cuentas falseadas de las comunidades autónomas dirigidas por el PP desde hace varias legislaturas es un síntoma de la ética de esos dirigentes políticos. No es que engañen a los rivales, es que nos engañan a todos, y la excusa de los viriatos de la derecha consiste en argumentar que todos hemos mentido alguna vez.
Lo peor de todo no es que Madrid, Valencia, Castilla y León y Galicia hayan ocultado el valor real del déficit, lo malo es que han dilapidado nuestro dinero a nuestras espaldas. Ahora resulta que esas CC.AA., tan suyas, han elevado el déficit casi en un punto, cuando se han jactado de ser las únicas que cumplían. Cada país tiene los gobernantes que se merece, sobre todo los democráticos. No podemos rasgarnos las vestiduras porque en varias legislaturas les hemos otorgado nuestra confianza votándoles. Sin embargo, va siendo hora de replantearse seriamente si queremos continuar así.
La resistencia cívica es una alternativa que va conformándose desde los grupos de indignados que siguen trabajando en muchas ciudades española, pero el cambio de modelo que estos grupos proponen tardará, si es que lo consigue, en ver la luz. No solo por la oposición de los dirigentes actuales, sean del color que sean, sino porque son pocos todavía quienes sufren las consecuencias del actual sistema de gobierno. Tendrán que llegar nuevos y más dolorosos recortes para que la generalidad de los contribuyentes comprendan que así no se puede continuar. La profundidad de la crisis será la que la sociedad quiera soportar. El dinero existe, no se ha esfumado, sólo ha cambiado de manos, lo acabamos de ver con el caso Bankia, no había, mentían, dinero para educación ni sanidad y lo encontraron sin ningún esfuerzo para impedir el hundimiento de un banco, vaya. Se habla de volver a pagar por las infraestructuras ya construidas y nadie parece indignarse, se nos acribilla a impuestos para mantener el engaño y nadie sale a protestar, se recortan derechos fundamentales (sanidad y educación) y solo se molestan los afectados. Difícil parece la solución cuando los propios afectados por los recortes los justifican. Tenemos que empezar a fijarnos con mayor atención en los dividendos que reparte la banca en estos años de crisis, en estos años en los que está recibiendo dinero público para que sigan existiendo; si lo hacemos comprenderemos que esta crisis artificial sirve para llenar los bolsillos de los de siempre y para vaciar los de todos los demás.
Cuando seamos capaces de superar el miedo que nos atenaza, el miedo que nos han inoculado, comprenderemos que un solo voto, tu voto, puede cambiar el futuro, porque la suma de muchos unos puede convertirse en millones de contribuyentes deseosos de cambiar su futuro.
Apaga la televisión, sal a la calle, mira a tu vecino y piensa, son muchos los que esperan no encontrarse solos cuando den el paso, pero alguien tiene que ser el primero. Y ese primero ya está acudiendo a las asambleas de barrio, solo tienes que buscarlo.
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