Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

viernes, 25 de mayo de 2012

Mas madera, que es la guerra

Estos energúmenos de la derecha, por un quítame allá esas pajas, son capaces de llevarnos a un enfrentamiento armado con la pérfida Albión, con lo mala que es, si no que les pregunten a los argentinos lo que pasó en las Malvinas-Falkland: los gurkas pasaron a cuchillo a cientos de pipiolos bonaerenses sin que les temblara la boina.
El problema de los gobiernos populistas, y el nuestro lo es, consiste en utilizar viejas reivindicaciones patrias para tapar su falta de soluciones a problemas concretos. Ahí tenemos el tema de Gibraltar, tan recurrido, para exacerbar los ánimos de cuatro nacionalistas que reivindican la soberanía sobre el peñón, y de paso atacar al Reino Unido, también podemos fijar el punto de mira en doña Esperanza, azuzando a sus fieles contra los separatistas catalanes y vascos que silbarán al príncipe, y como colofón tenemos algunos tertulianos que se indignan sobremanera cuando escuchan declaraciones de líderes nacionalistas sin pararse a pensar que sus manifestaciones son, cuando menos, generadoras de más odio.
Los unos, los otros y los demás, con sus exabruptos únicamente pretenden ocultar los muchos problemas que deben enfrentar a diario y que, por el momento, les superan. No hay más que observar y ver que la guerra del Peñón tiene su origen en los problemas económicos de España, en su mala gestión de la economía y la peor evolución de la prima de Rajoy, perdón, de la prima de riesgo. Si Esperancita, por Dios, habla de dos equipos que no representan a España, y propone suspender el partido en caso de algarada, no es porque le molesten los posibles silbidos, es porque aparta el objetivo del caso Bankia, donde ha colocado a muchos de sus amigos y consejeros, y donde la gestión de esos políticos amigos ha sido desastrosa, tanto que ha necesitado la intervención del Estado, ese mismo Estado que están desmantelando a pasos agigantados, para salvarla. Y, en suma, a los viriatos que claman contra los nacionalismos periféricos se les nota demasiado la vena centralista para considerar su vocerío inocente de toda inocencia.
No nos dejemos engañar. No hay razón para un enfrentamiento con el Reino Unido, a quien los Borbones le entregaron el Peñón en el tratado de Utrech, y ahí siguen. Ni para confundir política y deporte y suspender un partido de fútbol porque las aficiones puedan silbar un símbolo del estado. Ni echar más leña al fuego del independentismo desde posiciones intransigentes desde uno y otro bando, porque, vistas en perspectiva, el nacionalismo español y el periférico sostienen los mismos argumentos, solo difieren en el objeto de sus delirios.
Dijo Machado: En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España no hay forma de ser persona bien nacida sin amar al pueblo.

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