Digamos que el marketing no es la asignatura mejor resuelta por el Presidente del gobierno. No sólo porque el apellido de la ministra de sanidad parezca una amenaza para los enfermos crónicos, jubilados, extranjeros sin papeles y personas sin empleo en general sino porque padece ceguera selectiva: dijo que no había visto el cochazo que alguien muy generoso había regalado a su ex marido. O doña Ana es ciega o nos toma por tontos. Porque a mi me regalan un coche de lujo y saco a pasear en él a todos mis conocidos, más que nada por alardear de poderío.
Tampoco puede presumir de otra cosa que de llevar la sanidad española hacia la privatización. Un camino de no retorno con el que algunos se llenarán los bolsillos y la gran mayoría se empobrecerá. La buena señora quiere explicarse pero no consigue que nadie la entienda, posiblemente porque no habla claro para no asustarnos más de lo que ya estamos.
La sanidad es cara, dicen. Pero más cara resultará cuando la privaticen, entonces solamente podrán pagársela quienes tengan dinero, los pobres enfermarán y morirán como siempre lo habían hecho, desatendidos. Durante unas décadas tuvimos la impresión de ser todos iguales en la enfermedad, pero esa ilusión ha llegado a su fin. La señora Mato ha venido a recordarnos que todavía hay clases, que la vida va a depender del poder adquisitivo, de los orígenes y de la influencia que uno tenga.
En Cataluña, donde los recortes en sanidad vienen realizándose desde hace tiempo, el año pasado se abrió un quirófano cerrado al público en general para intervenir a uno de los padres de la Constitución, ¿se habría hecho lo mismo por una persona sin su curriculum y sin recursos? Contéstate tú mismo.
La sanidad no debería ser un negocio, porque negociar con la salud de los demás resulta ruin. Mejorar la calidad de vida de las persona es un deber de todo gobernante porque, aunque parezca contradictorio, ayuda al ahorro. Algunos medicamentos ayudan a evitar complicaciones que precisan ingresos hospitalarios que terminan encareciendo el tratamiento muchísimo más. Mucho me temo que el problema no sea tanto a quién, cómo y cuándo se cura como la forma de hacerlo.
El debate que nadie quiere iniciar es el cambio de modelo: sanidad pública versus sanidad privada. He ahí el quid de la cuestión. Es demasiado suculento el pastel como para no darle un bocado. Si la dejamos en manos de aseguradoras y gestores privados, el gasto será más elevado y la atención no mejorará, pero tendremos la sensación de estar infinitamente mejor cuidados, sobre todo los que no la necesitemos, porque nos atenderán rápido y bien siempre que lo cubra la póliza contratada, en caso contrario tendremos que acudir a la beneficencia, como antaño. Si seguimos con el modelo actual, los lobbys sanitarios tendrán que seguir conformándose con quienes temen acudir al hospital y esperar su turno para que al final les atienda "cualquier" médico de mierda y no el mejor especialista del país, como ellos se merecen, porque pagan sus impuestos, impuestos que deberían ahorrarse porque sólo sirven para atender a extranjeros sin papeles que practican el turismo sanitario, razonamiento de adulto joven y sano.
Si se hubiera abierto ese debate antes de las elecciones del 20N podrían sentirse legitimados para cambiar el sistema sanitario, pero hacerlo después de negarlo tantas veces, antes y durante la campaña electoral, suena a traición más que a mentira.
Tal vez deberían releerse la Constitución, en su Artº 43:
2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La Ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto,
y la ley General de sanidad en su Artº 3:
1. Los medios y actuaciones del sistema sanitario estarán orientados prioritariamente a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades.
2. La asistencia sanitaria pública se extenderá a toda la población española.
El acceso y las prestaciones sanitarias se realizarán en condiciones de igualdad efectiva.
3. La política de salud estará orientada a la superación de los desequilibrios territoriales y sociales.
O, en todo caso, convocar un Referendum donde todos tengamos la oportunidad de decidir el modelo sanitario que más nos interese.
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