Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Santos Inocentes

Ya empiezan a escucharse voces que piden un gobierno de tecnócratas para España.  La plutocracia que nos gobierna no está dispuesta a soportar los vaivenes y veleidades de los electores porque, a pesar de que los políticos actuales se hayan convertido en dóciles gestores, las elecciones pueden elevar a la presidencia del gobierno a líderes o partidos con el apoyo y valor suficiente como para anteponer los intereses generales a los particulares.
El hipotético gobierno de técnicos que se viene reclamando, y que ya está en funcionamiento en Atenas y Roma, ha demostrado en la empresa pública su ineficacia, porque precisamente han sido esos mismos economistas los que nos han llevado a la situación económica actual.  Su irresponsabilidad y su avaricia, no hay que olvidarlo, unidas a la falta de sensibilidad social han hundido la economía mundial para muchos años.  ¿Son esas las personas más capacitadas para rescatar la economía?  No.  Las mismas personas que han hundido el sistema no pueden reflotarlo, porque han hundido la parte del sistema que afecta a las clases más desfavorecidas, las clases con más poder adquisitivo, por contra, han aumentado sus beneficios, y porque continuarán con el expolio de las arcas comunes en caso de lograr sus objetivos.
La ignorancia generalizada y la despolitización a la que han sometido a la sociedad está empezando a dar sus frutos.  Han conseguido hacernos olvidar que la única fuerza de que disponemos los ciudadanos de a pie es la unidad.  El número creciente de indignados es lo único que temen, que ese número consiga la fuerza suficiente para tumbar las decisiones de los gestores marioneta.  Por eso hay que aumentar la confusión y la desinformación, hay que atemorizar a la población, hay que cambiar el sistema político, antes de que el sistema político pueda plantearse la reforma del sistema económico.  
Si después de la Segunda Guerra Mundial, con toda Europa arrasada, con una renta per capita muy inferior a la actual, se pusieron en marcha políticas sociales y económicas solidarias por qué ahora, con el hiperdesarrollo europeo, lo primero que se está poniendo en cuestión es el estado del bienestar construido en los peores años de la posguerra.  ¿Tendrá algo que ver con la situación actual la caída del muro de Berlín y el hundimiento del comunismo como sistema económico?
Seguramente la existencia de un único modelo económico impide entender que existen otras formas de enfrentar el problema de la crisis.  La dualidad que existió hasta finales del siglo XX hizo que el fiel de la balanza no se inclinara definitivamente hacia ninguno de los dos bandos.  Actualmente las voces discrepantes han sido silenciadas, apartadas de los medios de comunicación de masas, para impedir que la duda se instale en la sociedad y en los electores, para que todos caminemos silenciosos y unidos hacia el matadero.

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