Ahora va a resultar que la mejor forma de acabar con el paro consiste en volver a la esclavitud. Frau Merkel, con la anuencia de monsieur Sarkozy y la inestimable participación del señor Rajoy, propone para España la creación de miniempleos, aunque lo más apropiado sería hablar de minisueldos. Esa es una estrategia empresarial que se puso en marcha en Alemania y que, al parecer, todavía funciona, sólo que a los empresarios alemanes se les pedía el esfuerzo de pagar el tanto por ciento necesario para que, quienes se acojan a tan maravilloso contrato, dispongan del derecho a la sanidad y al desempleo. Sin embargo, para los países pobres del sur de Europa no se prevé tanto esfuerzo empresarial, han de ser los propios miniasalariados quienes decidan si destinan una parte importante de su sueldo a pagar esos servicios o a la manutención. La elección parece fácil, lo primero es lo primero: la comida.
Una de las escasas ventajas sociales es el salario mínimo interprofesional, un sueldazo de 641 euros, 240 euros más que los propuesto por la Matrona Alemana, una diferencia que puede arruinar a más de un empresario si los trabajadores, y sus devaluados representantes, no entienden que el futuro de la economía europea depende del acatamiento y la sumisión. Duele escuchar a trabajadores en paro decir que esa puede ser una solución factible, no tanto porque representa un retroceso en los derechos laborales, si no porque proporciona argumentos para nuevos recortes salariales.
No es cierto que los costes salariales sean la causa principal de la falta de repunte de la economía. Es una mentira que a fuerza de repetirse está empezando a convertirse en una verdad. La causa principal reside en el descenso del crédito mercantil. Las empresas no tienen recursos económicos porque la banca ha cerrado el grifo del dinero fácil a los particulares y a las empresas.
Y, si el dinero no circula, termina contrayéndose todo el sistema económico. Nos encaminamos hacia la recesión a menos que los responsables de las políticas económicas admitan que una clase media numerosa es necesaria para mantener el mercado. Si continúan recortando sueldos, y aumentando las distancias entre los ingresos de los más ricos y los más pobres, llegará un momento en que sólo se gastará en lo estrictamente necesario y, por tanto, lo superfluo, la mayoría del gasto corriente de las familias de clase media, terminará por abandonarse. Es posible, como parece estar ocurriendo actualmente, que aumenten las ventas de productos de lujo, pero será cada vez menor el número de personas que puedan consumirlos.
Aceptar la reducción el salario por debajo del mínimo puede representar pan para hoy y hambre para mañana. ¿Quién puede sobrevivir con 400 euros mensuales? ¿Quién va a gastar un euro en productos innecesarios?
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