Parece que estamos cayendo en picado en lo que respecta a derechos sociales. Y han conseguido hacernos creer que somos los únicos responsables de todo lo que ha ocurrido desde que estalló la crisis, incluso de la crisis misma. En el plano social y económico parece que no haya salida posible a no ser que nos ajustemos el cinturón. Lo irónico de la situación es que sólo deben apretarse el cinturón los más débiles. Bancos, grandes fortunas y especuladores, únicos desencadenantes reales de la situación, por su infinita avaricia, no sólo no han recibido el menor castigo por haber llevado a muchos países a la ruína para varias generaciones sino que esperamos de ellos que nos salven del desastre, además podrán disfrutar de los inmensos dividendos tranquilamente, porque los dirigentes y los gobiernos, sin excepción, decidieron en su momento socializar todas las pérdidas, cosa que nunca hicieron, ni harán con los beneficios.
Por otro lado, ahora que el nuevo gobierno español ha cogido la llave de la caja, se ha extendido entre la población el mayor de los pesimismos. Todos, o prácticamente todos, esperamos unas medidas de ajuste duras que alcanzarán, sobre todo, a quienes vivimos de un sueldo y que, a no dudarlo, se cebarán con los más necesitados: parados, enfermos y ancianos. Para eso los tertulianos de las diferentes TDT han venido martilleándonos con la idea de que, quien no vive de subsidios, estafa a la empresa y al país con bajas ficticias, huelgas innecesarias organizadas por sindicalistas corruptos y jubilaciones anticipadas y fraudulentas, por lo que, si hemos llegado donde hemos llegado, ha sido por culpa de los asalariados, que somos vagos y maleantes, y no por la corrupción de los cargos políticos, la avaricia de los banqueros y la especulación del gran capital.
Es hora por tanto de reivindicar la alegría de vivir, de celebrar las buenas noticias aunque sean escasas, de no asustamos, de no esconder la cabeza en un agujero hasta que lleguen tiempos mejores. Tenemos que reír, tenemos que alegrarnos, tenemos que celebrar todo lo posible para que comprendan que no nos han anulado, que tenemos poder de reacción y que vamos a reaccionar.
Escuchar la sonrisa del esclavo es la peor noticia que puede recibir el amo, porque esa risa supone que no le han anulado como persona sólo han cercenado su libertad temporalmente.
Escuchar la sonrisa del esclavo es la peor noticia que puede recibir el amo, porque esa risa supone que no le han anulado como persona sólo han cercenado su libertad temporalmente.
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