Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

martes, 29 de noviembre de 2011

Quo vadis Europa?


La sustitución de los presidentes de Grecia y Portugal, elegidos con el voto directo de griegos e italianos en uso de sus derechos democráticos, ha sido un verdadero GOLPE DE ESTADO protagonizado por los mercados. Esta vez  no han sido los militares quienes han dado el paso adelante para SALVARNOS de nosotros mismos, ha sido el capital.
Resulta paradójico que todos los medios de comunicación unánimemente hayan apoyado el cambio de los representantes legítimos por tecnócratas sin ideología.
¿Sin ideología?  ¿El dinero no tiene ideología? ¿Los tecnócratas carecen de ideología?  Por supuesto que la tienen, y siempre resulta perjudicial para los intereses del ciudadano común.  Todos, sin excepción, abrazan el liberalismo como único camino para salir de la crisis. Vaya por Dios.  Si el mercado se autoregula, y sólo en ese Dios podemos confiar, cuando estamos comprobando en nuestras carnes que eso es mentira, dejarlo todo en sus manos parece una aventura demasiado arriesgada.  Los tecnócratas obedecen a unos amos avariciosos que no dudaran en tirarnos por la borda para aumentar sus beneficios, entonces, ¿no sería mejor, como hicieron después de la crisis de 1929, un plan de inversión pública para remontar la situación en lugar de apostar por los recortes y la contención cuyo único logro es la contracción de la economía?  Continuar con la política económica actual como fórmula magistral para remontar el vuelo sólo beneficia a quienes nos arrastraron a esta situación: los especuladores.
Los gobiernos nacionales parecen haber perdido toda autonomía, no sólo en política económica donde los mercados financieros son los que marcan las pautas a seguir, también en los aspectos sociales, pues son los representantes de los mercados quienes diseñan las reformas.  Pero con todo, lo más preocupante y peligroso, por lo que representa de pérdida de soberanía y de involución, es el paulatino abandono de las reglas del juego democrático.
Los tiempos excepcionales demandan reglas del juego excepcionales, pero olvidar de dónde venimos puede hacernos regresar al pasado. Todavía estamos a punto de reaccionar, nuestros hijos no se merecen que les leguemos un mundo peor que el que recibimos.
Ahora que se avecina un cambio de gobierno esperemos que los nuevos dirigentes, que siempre han destacado por su "nacionalismo" para con las autonomías, mantengan ese nacionalismo frente a los mercados y ante las instituciones europeas, que no sean estos últimos quienes marquen su agenda.  Aunque mucho me temo que ese deseo es pura utopía, porque el presidente electo ya anunció, en un alarde de liderazgo y elocuencia "que haría lo que hubiera que hacer".

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