La única y principal virtud de los partidos ganadores ha consistido en presentarse como mansos corderos para que no desconfiáramos pero, una vez logrado el objetivo, se muestran como lobos hambrientos de reformas sociales. No sólo en Cataluña, donde el Presidente Mas lleva tiempo recortado derechos a los ciudadanos, también en Castilla la Mancha, de la mano de la Sra. Cospedal segunda de a bordo del Presidente in pectore, la derecha empieza a mostrar sus garras.
Cabe preguntarse cómo es que los inversores privados están tan ávidos de hacerse con la parte del pastel que les van a regalar al principio de la ceremonia cuando, según todos los expertos, es un saco de pérdidas sin fondo. ¿Será porque no lo es? ¿Será porque otra vez el lobo ha vuelto a ponerse la piel de cordero encima? Si la salud pública es tan deficitaria y su costo tan lesivo para el erario público, ¿cómo lo rentabilizarán los accionistas privados que se harán cargo de su gestión con gran regocijo y alborozo? Si no fueran rentables no estarían luchando por esa porción del pastel tan golosa. Y lo mismo pasa con la educación.
Por tanto, bueno sería que despertáramos del letargo, que nos preguntáramos quién está manejando los hilos de la economía y de la política de este país, y hacia dónde pretende llevarnos. ¿Son sólo los dirigentes pólíticos, sean del partido que sean, los encargados de mantenernos en la inopia o nosotros también estamos contribuyendo a cavar nuestra propia fosa democrática por adoptar la postura del avestruz y haber enterrado la cabeza dentro de un agujero para conjurar el peligro?
Mañana podremos culpabilizar a los demás, pero hoy debemos plantearnos hasta qué punto hemos contribuido a alcanzar la actual situación.
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