Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Troleros


¿Por qué le importa tanto al presidente de la Patronal el número y el sueldo de los funcionarios si carece de competencia sobre ellos?  ¿No será que ambiciona para la empresa privada las labores que ellos prestan?  Porque funcionario no es sólo el que está detrás de la ventanilla para repetir una y otra vez el vuelva usted mañana, que popularizo un tal Mariano, no, ese no: Mariano José de Larra. Funcionarios son los médicos del sistema nacional de salud, los maestros del sistema nacional de educación, los policías de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, los carteros, los bomberos, etc., etc.  Todas esas son funciones que pretenden acaparar.   Por eso, el Sr. Rosell, quiere recortar su número y su nómina.  No porque sobren, no porque sean caros para el sistema, si no porque cuando privaticen esas funciones los nuevos dueños obtendrán mayores beneficios.  Quieren hacernos creer que todo el sistema público está sobredimensionado, cuando no duplicado en aquellas Comunidades con los servicios transferidos, y no es cierto.  Se trata, una vez más del juego de los trileros: muestran la bola antes de estafarnos.
El sistema nacional de salud tiene defectos, por supuesto, pero según todos los expertos resulta mucho más barato a las arcas del Estado que el de EE.UU, paradigma de la libre empresa, tiene más cobertura y resulta más eficaz para el ciudadano.   Lo mismo ocurre con la educación, tan denostada, pero tan necesaria, como muy bien expresan los manifestantes madrileños: la educación no es un gasto, es una inversión.  Y lo mismo ocurre con todos los gastos sociales.
En Madrid anuncian el cierre de las narcosalas por problemas de financiación.  Bien, pero  cuando los drogodependientes dejen de recibir sus dosis de metadona gratis, tendrán que echarse a la calle para conseguir dinero para las drogas que precisen, además, no se esconderán en las narcosalas inexistentes para administrársela y lo harán, como antaño, en la vía pública a la vista de todos.  Por tanto, aumentará la inseguridad ciudadana y se necesitarán más policías, pero sin dinero.... ah.
En Castilla la Mancha, se cierran las casas de asistencia para mujeres maltratadas y se suspenden las ayudas económicas porque no hay dinero.  Bien, pero qué pretenden hacer con las mujeres desesperadas cuya única esperanza de seguir vivas reside en abandonar su hogar, ¿las mandarán de regreso a sus casas, junto a su maltratador?... eps.
Si se retiran las ayudas económicas a las familias con personas dependientes, porque tampoco hay dinero, ¿quién las cuidará?... oh.
Existe un buen número de ayudas sociales que no generan dinero, pero que resultan imprescindible para una sociedad como la nuestra.  Si esos servicios desaparecen los gastos  sociales, y también económicos, que generarán pueden hacerse insoportables, no tanto para las familias, como para la sociedad en general.  Tal vez el Estado debería dejar de mirarse tanto en el espejo de los especuladores y dedicarse a gestionar los recursos de que dispone y, en última instancia, por muy impopular que pueda resultar, revisar la carga impositiva que corresponde a cada ciudadano, porque es incomprensible que quienes más tienen sean los que menos aportan a las arcas comunes.  La justicia impositiva es una necesidad en estos tiempos de crisis.  No abordar ese principio puede conducirnos a una sociedad cada vez más injusta y más conflictiva. La privatización de los servicios no los abaratará, en cambio producirá desigualdades insalvables entre quienes pueden acceder a ellos.  Sólo quien disponga de dinero podrá permitírselos, los demás tendrán que acudir, como ocurría a principios del siglo pasado, a la beneficiencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario