Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Gracias, Honorable

Contaba Gila, en uno de sus memorables monólogos, que una vez se encontró dos tipos forzudos pegándole una paliza a un hombre más bien enclenque y, como no podía aguantar semejante vileza, no tuvo más remedio que participar en la pelea y, entre los tres, le dieron su merecido al pobre hombre.
El president de la Generalitat parece haber interiorizado el monólogo giliano y sigue pegándoles fuerte a los más débiles, no sólo porque se lo merezcan, sino porque son los únicos que no van a devolverle los golpes.  Recortar en Educación y Sanidad no tiene mérito, todos sabemos que los niños catalanes (y españoles) tienen un alto índice de fracaso escolar y, por lo tanto, subiendo las tasas alejará de las aulas a los hijos de los trabajadores; en cuanto a la Sanidad mejor cobrarles las recetas a los enfermos crónicos y a los jubilados, a ver si no pueden pagar los medicamentos y se mueren unos cuantos, de paso se acaba con las listas de espera y se arreglan un tanto las arcas del Estat.  Y vamos a cobrarles a los incautos turistas tres euros de nada por cada noche que pernocten en la adorada Cataluña, que visitarla bien merece rascarse el bolsillo, ella a cambio nos regala sus paisajes y sus playas, un experimento económico que fracasó en la Islas Baleares, por cierto.
No se le ocurrirá al Muy Honorable enfrentarse a los que más tienen recuperando, por ejemplo, el impuesto de sucesiones, no vaya a ser que se enfaden los vecinos y le echen del barrio, un suponer; ni recortarse su propio sueldo, más elevado que el del Presidente del Gobierno de España, ni el de los Consellers, más alto que el de los ministros españoles.  Eso son minucias que no inciden en el déficit del estado.  Ni pensará en establecer una tasa sobre las transacciones no vaya a ser que dejen de especular, ni en nuevos impuestos para las grandes fortunas, no vaya a ser que se lleven el dinero a los paraísos fiscales.
Recortar más y más derechos a los más necesitados sólo puede desembocar en una mayor recesión, como ocurrió en los Estados Unidos después del Crack del 29.  ¿Tendremos que esperar, como los norteamericanos, hasta la aparición de un FDR (Franklin Delano Roosevelt), catalán o español, para que, con un nuevo New Deal, nos devuelva la ilusión?

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