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lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Son necesarios los recortes en Sanidad?


Un hombre acude al centro de salud por una dolencia, el médico que le visita, después de la anamnesis y la exploración, diagnostica la enfermedad correctamente y prescribe, con la sola ayuda de su ciencia, el tratamiento adecuado, pero el paciente, que había leído en Internet que para el diagnóstico de su enfermedad precisaba de una ecogafría, no está de acuerdo con la actuación del médico y le denuncia por no recurrir a esa prueba.  En el juicio, todos los peritos consultados confirman lo acertado del diagnóstico y el tratamiento, y admiten que la ecografía únicamente corroboraría la pericia del médico; sin embargo, el juez dictamina contra el médico por no haberla solicitado.
Esa es la realidad de la sanidad pública, el médico carece de autoridad para tomar decisiones en su campo profesional, está sometido a los caprichos del paciente y de la justicia, y ese no parece el mejor camino para ahorrar.  Lo mismo ocurre en los centros hospitalarios.  En el caso de los pacientes dependientes, cuando el proceso motivo del ingreso ha sido solucionado y tiene el alta firmada, la salida del hospital depende de que se consiga plaza en un centro especializado o de que la familia decida llevárselo a casa.  En Urgencias es frecuenta realizar las pruebas necesarias y las que solicita el enfermo, no vaya a ser que.  Pacientes que llegan al centro por sus propios medios solicitan, y obtienen, ambulancias a cargo del erario público para regresar a sus domicilios, muchas veces con un chequeo completo y gratuito.
El abuso conlleva retraso en la atención y encarecimiento de los servicios, y la mejor forma de ahorrar no es el recorte, porque lo sufren más quienes más lo necesitan, sino la racionalización.  Si se dota al profesional de la autoridad suficiente para diferenciar lo necesario de lo superfluo legalmente, sería innecesario recortar un sólo céntimo de euro, la sanidad pública podría ser rentable y satisfactoria para las dos partes: pacientes y profesionales.  Aquello que el profesional considerara necesario podría continuar siendo gratuito, lo superfluo y caprichoso debería cobrársele al solicitante sin rebaja de ningún tipo.
Que quiere una ambulancia para regresar a casa y no la necesita: páguela.  Que quiere un TAC craneal innecesario: páguelo.  Que no puede llevarse a casa a su familiar dependiente porque no tiene tiempo de atenderlo: pague la hospitalización.  Que su proceso puede ser visto por el médico de cabecera unas horas después y usted no quiere esperar: páguelo.  Que quiere hacerse un chequeo completo: páguelo.
Terminando con los abusos se agilizará la atención y se abaratará la asistencia.  Si dedicamos los recursos a lo necesario, siempre decidido por un profesional, habrá para todos; por el contrario, si seguimos malgastando los recursos no habrá para nadie.  Pero, hasta ahora, la única solución que han encontrado los políticos es el recorte generalizado, tal vez porque no desean racionalizar el gasto sino privatizar la sanidad.  ¿Quién se atreverá a limitar el catálogo de servicios de la Sanidad a aquellos pacientes que los necesiten y realmente vayan a mejorar con su aplicación?  ¿Quién será capaz de ponerle el cascabel al gato?

1 comentario:

  1. Con la excusa de los recortes están potenciando la sanidad privada y la educación privada.
    Una propuesta para reducir el gasto sería acabar con los conciertos que financian las clinicas y las escuelas privadas con fondos públicos.

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