El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, murió ayer después de días de agonía. Fue un hombre controvertido y superlativo en sus formas y, aunque la derecha venezolana e internacional echara peste con sólo escuchar su nombre, dio esperanza a los que nada tienen. Fue el primer cholo que se preocupó de los indígenas americanos, enfrentándose a la oligarquía que, desde la independencia, siempre había regido el destino de Venezuela. Se enfrentó a gringos y europeos por igual para defender lo suyo, se asoció con los países más pobres del continente y sostuvo, con su petróleo a cambio de médicos y otros técnicos, al régimen comunista cubano, la otra piedra en el zapato del liberalismo.
Podemos criticar su aparición en la escena política venezolana, su populismo o su forma de aleccionar a todo un pueblo con su programa radiofónico: Aló Presidente, pero no cabe la menor duda que, entre los venezolanos más desfavorecidos, los que viven en las villa miseria que rodean Caracas, levantaba tantas pasiones como odio en los barrios burgueses porque, por primera vez, los parias venezolanos tenían acceso a servicios tan esenciales como la educación y la sanidad.
Tuvo la osadía de presentarse en la ONU y expresar en voz alta lo que muchos otros dirigentes pensaban, que el Presidente de EE.UU., George Bush jr, era el mismísimo diablo; con el rey de España, que llegó a perder las formas y le mandó callar, como si de un niño díscolo se tratara, y de formar una alianza americana con presidentes indígenas y otros de tendencias socializantes y, claro, eso no gustó nada en las cancillerías del mundo opulento, más interesadas en la política del palo y la zanahoria: buenas palabras y malas formas.
A los europeos nos han machacado con la idea de que era un dictador y un extremista peligroso, tal vez lo fuera, pero miró, aunque lo hiciera de reojo, más a quien más lo necesitaba. Puede que su política económica fuera un desastre y produjera un mayor déficit, pero trató de repartir más equitativamente los beneficios en un país tan rico como Venezuela que, según dicen, nada sobre una balsa de petróleo.
Ahora se abre la incógnita sobre el futuro de los venezolanos, a quienes lo único que les deseo es que les acompañe el espíritu de Chávez, Q.D.E.P.
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