Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Y ahora?

El 15 M representó una bocanada de aire fresco para la joven, aunque anquilosada, democracia española.  Inspirado en los movimientos juveniles del norte de África que terminaron derrocando viejas y sanguinarias dictaduras, los jóvenes españoles ocuparon las plazas de varias ciudades con la intención de terminar con el estado de cosas que les disgustaban.  Fue un movimiento espontáneo, libre y un tanto utópico, porque intentaba socavar un sistema que muchos de los que acampados no estaría dispuesto a abandonar jamás.
Existen muchas, muchísimas imperfecciones en el mundo, y muchas más en el sistema político que potencia y sustenta esta sociedad de consumo, y cada una de ella afecta a gran número de ciudadanos: desempleo, corrupción, despilfarro, especulación, desahucios, inseguridad, etc.  Tantos y tan variados son los problemas que les afectan que resultaría imposible enumerarlos todos.  Esa multitud de imperfecciones ha llevado al hartazgo generalizado, a la ocupación de espacios públicos y a manifestaciones contra el sistema democrático y sus representantes.
Pero, ay, la democracia, con ser imperfecta, es de momento el sistema más justo que han encontrado para gobernarse.  Por eso resulta más inverosímil pensar que la intención de los indignados sea tumbar la democracia, sus pretensiones apuntan más bien a recuperar el espíritu de la misma.  Porque, no nos engañemos, todos podemos encontrar un motivo de indignación para salir a la calle y protestar; lo difícil es aunar voluntades para hallar un único objetivo.
En tiempos de la dictadura española se decía que contra Franco se luchaba mejor, premisa totalmente cierta, pues existiendo un único objetivo todos los opositores luchaban, si no en la misma dirección, por lo menos con idéntico fin.  Actualmente, hallar ese objetivo que una voluntades, debería ser una prioridad para los indignados, porque en la división de fuerzas radica la propia debilidad y la fortaleza del sistema que se pretende socavar.  Empujando en una misma dirección, sumando fuerzas y esfuerzos, se obtienen más y mejores resultados que con acciones individuales, por muy heroicas que puedan ser, cuando se alcance el primer objetivo: renovar la democracia, podrán buscarse las satisfacciones individuales.  Basta mirar al pasado para entender que ese es el camino acertado, mirando atrás encontraremos muchos nombres de personajes muy significadas en la lucha contra el Régimen que actualmente abrazan posiciones ultraliberales pero que no dudaron en sumar sus fuerzas a personas de ideologías diversas, para ayudar al desmantelamiento y superación de la dictadura.
Encontrar un objetivo común, además de construir una plataforma unitaria que represente a los descontentos del sistema, resulta imprescindible. Las dos últimas consultas electorales han demostrado que, la falta de un aglutinante, dispersa el voto entre una miríada de partidos pequeños, diluyéndolo y convirtiendo las reivindicaciones y la indignación en simples anécdotas, cuando no ha resultado negativo porque ha desviado el voto hacia los grupos del espectro político más alejados de los ideales de quienes iniciaron las protestas.

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