Algunos de los derechos sociales que se pierdan con las medidas tomadas para superar la crisis económica no se recuperarán en dos o tres generaciones, eso siempre que los afectados por los recortes estén dispuestos a luchar por sus derechos, en caso contrario, nadie se los va a regalar, como nunca nadie les regaló nada. Esa será la consecuencia más inmediata.
Ya empiezan a escucharse voces de empresarios, de momento al otro lado del Atlántico, que reclaman la vuelta al trabajo de los niños, en una muestra más de la avaricia y la insensibilidad del dinero. Regresar al siglo XIX donde no existían los derechos en materia laboral y social parece ser la intención de los patronos. De vuelta a la explotación pura y simple del hombre por el hombre.
De momento han empezado por aplicar la política del terror para detener cualquier intento de reacción por parte de una sociedad, cada día, más adormecida. El miedo a perder el trabajo, la sanidad, los derechos, nos avocará, según los expertos, a un nuevo renacer del populismo y las dictaduras de derechas. El sálvese quien pueda creará ciudadanos cada vez más dóciles y, embrutecidos por los medios de comunicación, más dispuestos a aceptar los cambios sociales y a tolerar las injusticias. Nuestros hijos, si no ponemos remedio, vivirán peor que nuestros abuelos.
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