Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

miércoles, 23 de enero de 2013

Pudor

Una de las explicaciones más delirantes que he escuchado sobre los orígenes de esta estafa que estamos padeciendo, dirigida por banqueros y políticos, la escuché hace un par de días en un programa de radio. Un oyente, joven, creo recordar que pequeño empresario de éxito, achacaba la crisis a NUESTROS PADRES, toma ya, por habernos enseñado que ser propietario de una vivienda era mejor que vivir alquilado en la de otro, lo que había contribuido a la burbuja inmobiliaria; y por obligarnos a estudiar, lo que había conducido inexorablemente al aumento de precios y salarios, al haber despreciado la formación profesional y apostado por la enseñanza superior. Un análisis digno de todo un analfabeto con olfato para los negocios que, seguramente, debería haber escuchado el consejo paterno y dedicado alguna hora al estudio.
Los deseos de nuestros padres, cuando menos los míos, por el acceso a la educación universitaria de sus vástagos, no era debido al desprecio por las profesiones manuales, sino por venir de donde venían. Ellos, que habían empezado a trabajar siendo niños, habían sido explotados por caciques sin alma, habían perdido una guerra en la que los más preparados fueron expatriados o fusilados, vivieron una dictadura tremendamente injusta y represora, trabajaron por un sueldo miserable, cuando no se vieron forzados a emigrar a Europa para sobrevivir; ellos no querían que sus descendientes vivieran las mismas experiencias traumáticas y, con muchísimo sacrificio, lograron darnos una educación con la que ellos jamás pudieron soñar. No porque despreciaran los oficios, formación profesional la llaman hoy en día, casi todos ellos eran carne de cañón, mano de obra dócil y barata, labradores y pastores que buscaron con la emigración vencer la hambruna en la que vivían, encadenados a un campo improductivo y unos animales famélicos, pues, en su  "bendita ignorancia", pensaban que el conocimiento nos haría libres.
Aquellos miserables, que no tenían donde caerse muertos, llegaron en oleadas desde las aldeas de toda España, trabajaron en fábricas, talleres y obras más horas que el mismísimo reloj para adquirir una vivienda en los arrabales endeudándose hasta la cejas. Para dignificar un poco sus propias vidas, y legarles algo más que hambre y sacrificios a sus hijos, trabajaron como esclavos, y así se lo pagan algunos, culpabilizándoles por intentar proporcionarnos una vida un poco mejor. 
Los responsables de la crisis no han sido los humildes trabajadores deseosos de esa vida humanizada, han sido los especuladores, los empresarios del ladrillo que olieron el dinero fácil, los banqueros ávidos de poder, que olvidando los principios de la ética y de la decencia,  concedieron créditos inverosímiles a 30 y 40 años, los políticos populistas que se embarcaron en obras faraónicas pensando más en el rédito político que en la utilidad. Los mismos que van a salir de la actual situación reforzados, económica y moralmente, porque han conseguido hacer creer, a los que más sufren el frenazo económico, que son los únicos responsables por necesitar médicos, enfermeras, maestros, asistentes sociales, funcionarios, pensiones, hospitales, escuelas, universidades, ambulancias, medicamentos, carreteras, autopistas, trenes de alta velocidad o aeropuertos, y no hay dinero para todo ni, mucho menos, para TODOS. Como si el dinero saliera de sus bolsillos y no del de los contribuyentes, más de los que menos tienen, por cierto. 
Es la razón que esgrimen nuestros gobernantes, gestores del patrimonio nacional, para trocear y vender, al mejor postor, lo que es de todos. Lo construido a base de años, y de esfuerzo de toda la sociedad, va a ir a parar a las manos de unos pocos, los mismos que ya lo tienen casi todo. Van a privatizar el estado del bienestar en beneficio de unos pocos, perjudicando a los muchos.
¿Alguien se imagina lo que dirían los Rajoy, González, Aguirre, Más, Nuñez Feijoo, Herrera, Cospedal, de turno, si el administrador que eligieron para gestionar su patrimonio personal lo troceara y vendiera, sin su beneplácito, entre conocidos y amigos? ¿Por qué entonces dilapidan el patrimonio nacional sin permiso y sin el mínimo rastro de pudor?

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