Charlas en el cerrillo quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos interesados en la palabra escrita. Aquí tendrán cabida ideas, pensamientos, opiniones, anécdotas y relatos. Porque muchas veces las ideas más acertadas, los pensamientos más ingeniosos, las opiniones más certeras y las anécdotas más divertidas acaban perdiéndose por no tener un foro donde ponerse negro sobre blanco. También los relatos, cuando no se dispone de editor, terminan arrinconados en un cajón, razón por la cual muchas buenas historias jamás serán leídas.

lunes, 4 de junio de 2012

Cuestión de confianza

Engañar a la gente es fácil, convencerla de que ha sido engañada es imposible. 
Los dirigentes del PP, antes de las elecciones, prometían una España nueva y mejor valorada cuando llegaran al poder y vemos como cada día que pasa desciende la confianza europea en nuestros gestores. No es solo que la prima de Rajoy, perdón, de riesgo, se haya disparado hasta valores insoportables que merecerían la intervención, también han aumentado el paro y los recortes en los servicios públicos de sanidad y educación. Ahí es nada.
Pero, como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, parece que la intención del ejecutivo es relanzar el tema del ladrillo, para lo cual han presentado un proyecto de urbanizar una de las pocas playas que quedaban vírgenes en el litoral español: la playa de Valdevaqueros en Tarifa, además de levantar las órdenes de derribo dictadas por los jueces en muchas construcciones ilegales, como sus deseos chocan con las ordenanzas y leyes que pretenden salvaguardar parajes naturales de especial interés, no han encontrado mejor idea que cambiar las leyes, para eso tienen mayoría absoluta en el Congreso. Poder pueden cambiar las leyes, tienen los votos suficientes, pero resulta reprobable moralmente porque legaliza construcciones ilegales que van a representar grandes beneficios para los infractores mientras que el ciudadano medio, cumplidor de la ley, tiene que sufragar el despilfarro de los bancos y de los políticos. Legalizar la corrupción es el sistema más rápido para acabar con ella, aunque no sea el más ético.
El engaño y la mentira, decir digo donde dije Diego, negar la evidencia, conspirar para llegar al poder, y más. En el mundo del Partido Popular parece que todo está permitido. Sin embargo, algún día, los votantes se darán cuenta de que el sentido de su voto ha sido traicionado. Se eligen unos gobernantes para que administren los bienes generales, el Estado, no para que los dilapiden y lo vendan, por muchos votos que hayan recibido. 
Considerar como propio lo que es de todos es el gran error que todos los políticos de este país cometen, por eso no tienen ningún reparo en gastar sin mesura y en cambiar leyes fundamentales sin consultar al pueblo. Es esa una actitud que recuerda mucho más a las dictaduras (muchos de los actuales dirigentes son hijos y nietos de antiguos dirigentes franquistas) que a las democracias, a las cuales nos jactamos de pertenecer.
Solo el día que los electores tomen conciencia de que los políticos son empleados públicos serán capaces de exigirles responsabilidades por sus actos.

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